
El volcán que corona San Salvador, con cráter y corredor gastronómico
El Volcán de San Salvador, o Quezaltepeque ("cerro de los quetzales" en nahuat), define el horizonte occidente de la capital. Su cumbre, El Picacho, alcanza unos 1,960 metros; en el centro se abre El Boquerón, un cráter de kilómetro y medio de diámetro y más de 500 de profundidad, con El Boqueroncito adentro. El borde es reserva protegida, mirador urbano y corredor gastronómico —restaurantes, cafés y pupuserías sobre la carretera al Boquerón—, además de zona de viveros y flores de altura. Subir el fin de semana a comer o caminar es costumbre sansalvadoreña.
Puntos destacados dentro de este lugar.
Horario
Lun-Dom 9:00-17:00
Restaurantes, cafés y alojamientos recomendados por Experiences.
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El volcán conserva el nombre nahuat Quezaltepeque, "cerro de los quetzales", de los pueblos que habitaron sus faldas antes de la Conquista. Su erupción más reciente ocurrió el 7 de junio de 1917: la actividad secó la laguna que ocupaba el cráter y levantó en su lugar el cono conocido como El Boqueroncito. Desde entonces el volcán permanece dormido, y su borde se convirtió en uno de los principales miradores y áreas de recreo de la capital.
Considerar la altitud del borde: 1,893 msnm, con temperaturas de 12–22 °C.
Saber que el volcán está dormido; su última erupción fue en 1917.
Calcular 20–25 minutos de recorrido; la dificultad es fácil, apto para todos.
Subir temprano: después del mediodía la neblina suele tapar la vista al cráter.
Llevar abrigo aunque abajo haga calor; en el borde baja bastante la temperatura.
No confundir El Picacho, la cumbre más alta, con el cráter de El Boquerón.

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